Reseña del Libro: Chile y las Drogas en Revista Cañamo @CanamoChile

Reseña del Libro: Chile y las Drogas: Una revisión sistemática mirando al futuro

Eduardo Vergara B., Editor.

Editorial Cuarto Propio y Observatorio Latinoamericano de Políticas de Drogas y Seguridad Humana. 232 páginas.

Imagen RESENA EN CANAMONos ha faltado mayor sensatez. Al realizar una revisión histórica de nuestras políticas de drogas observamos que en su mayoría responden a un paquete de presiones internacionales, conveniencias políticas, trabas morales y por sobre todo tabúes ideológicos. Estas carecen de lógica, ciencia, sentido común y por sobre todo, consideración por la persona. Las políticas de drogas en Chile se han basado en una matriz prohibicionista conveniente tanto para el fortalecimiento de los mercados ilegales y el crimen organizado, como para las grandes empresas ligadas a la producción de drogas legales como el tabaco, el alcohol y los fármacos. Esta lógica ha generado millonarios gastos e ineficiencia estatal, el financiamiento del delito y por sobre todo generado consecuencias, en casos irreversibles, sobre los más débiles.

Como resultado de la prolongación de este enfoque, el consumo de drogas ha aumentado de forma sostenida. Por ejemplo, la prevalencia de consumo de marihuana en escolares pasó de un 14,8% en el 2001 a un 34,2% en el 2015, mientras que la la percepción de riesgo ha bajado significativamente. Si el 2001 el 51,3% de estudiantes declaraba que para ellos consumir marihuana frecuentemente representa una conducta de riesgo, el 2015 esa cifra bajó a 21,5%. Esto último se debe en gran parte a las erráticas y conservadoras campañas de prevención sustentadas en el miedo y la falta de evidencia. “Vuelve a ser inteligente” del CONACE es tal vez el mejor ejemplo de lo que no hay que hacer. Vivimos en un país, donde al 2015, el 81% del presupuesto de programas estaba destinado a tratamiento y solo el 14% a programas de prevención. Hemos enfrentado el problema de manera defensiva, alimentando un círculo vicioso, eterno y creciente de gasto estatal usando en el temor como pilar disuasivo, el tratamiento como negocio y enfocado a abordar la consecuencia del problema y no sus causales.

Pero el problema va más allá del consumo. Hoy, más de la mitad de las mujeres tras las rejas están ahí por infringir la ley de drogas (principalmente por vender cantidades menores) y casi el 60% de ellas es menor de 34 años. En lo que respecta a persecución del tráfico, el modelo existente sigue apuntando en el blanco errado: cerca del 70% de las detenciones por cultivo, son a personas que tienen menos de seis plantas. En un país que superó las 85 mil detenciones anuales el 2012, seis de cada diez detenidos por infracción a la ley de drogas corresponde a jóvenes entre 18 y 29 años, el costo de la prohibición lo han pagado los jóvenes, las mujeres y los que menos tienen.

Pero a pesar de estos malos resultados, el panorama chileno ha cambiado enormemente durante las últimas décadas, haciéndolo de forma más dramática en estos tres últimos años. Tanto el Gobierno, el Congreso y un significativo grupo de líderes académicos, empresarios y políticos han dado señales que nos dejan optimistas. Por primera vez estamos debatiendo sobre cantidades de porte de drogas y la posibilidad de auto cultivar cannabis en la privacidad del hogar, reconociendo un piso de garantías vinculadas a los derechos individuales. Junto con esto, se autorizó legalmente el cultivo, cosecha y tratamiento de cerca de siete mil plantas de cannabis para ser usadas como parte de una investigación para posteriormente proveer con medicamentos a pacientes que lo necesiten. Otros cultivos también han sido autorizados gracias a un mecanismo responsable y riguroso diseñado e implementado desde la División de Seguridad Pública de la Subsecretaría de Interior en conjunto con el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) y el Instituto de Salud Pública.

No nos debe sorprender que en nuestro país existan nuevamente cultivos legales de cannabis. Después de todo, desde comienzos de 1800, fuimos líderes mundiales en la producción de cáñamo. Incluso el Gobierno en años posteriores se hizo parte del fomento a esta industria por medio de la CORFO y el Ministerio de Agricultura. Hasta el ex Presidente Carlos Ibañez del Campo promulgó un decreto que tenía el objetivo de proteger la industria.

Chile y las Drogas: Una revisión sistemática mirando al futuro entrega valiosa informacion respecto a como el país logró progresivamente adquirir un rol activo y protagónico como actor en el tráfico de drogas a nivel mundial. La ubicación geográfica ha sido desde el principio un elemento central en la consolidación del país como puerta de entrada y salida de drogas desde y hacia al mundo. En las páginas de este trabajo, abordamos en detalle como entre las décadas del 50 al 70 los chilenos dedicados al tráfico de cocaína pasaron de ser meros gestores de tránsito a grandes y reconocidos empresarios de la droga. Fue entonces al principio de los 70 que el tráfico de drogas vió su primer (y muy breve) ocaso en el pais. Parte del discurso que usaba la Administración para el Control de Drogas (DEA) de EEUU se basaba en la infundada sospecha de que el Presidente socialista, Salvador Allende, tenía nexos con carteles de droga y que los usaba para conseguir el financiamiento de su proyecto nacional. Arrancar el narcotráfico de raíz en este país del Cono Sur, pasó a ser una retórica conveniente. Así es como el 11 de septiembre de 1973, el Golpe de Estado que dio inició a uno de los periodos más sombríos y dolorosos en la historia nacional, fue también un golpe a los principales carteles que operaban en el país.

En las páginas de este libro, analizamos como de acuerdo a algunos académicos, el Golpe generó que la actividad relacionada con los mercados de droga se trasladara desde Chile a Colombia. No obstante, contrastamos evidencia que demuestra que el golpe no necesariamente significó el fin y desplazamiento de esta actividad, sino que permitió que gran parte del mercado nacional quedara en manos de actores relacionados con la dictadura, amparados por los más altos jerarcas militares. Lo que sucedió fue casi una “mejicana” sobre un mercado completo. En Chile y las Drogas se recapitulan las modificaciones y sustentos que tuvo la política de drogas, que resultó ser tremendamente eficiente tanto como mecanismo de control social durante la dictadura y como un espacio de impunidad para que quienes estaban en ese entonces en el poder, participando del negocio de la droga en la primera línea. La política durante este periodo fue profundizando la lógica conservadora y sobre todo totalitaria.

Posteriormente, con sus altos y bajos, todos los mandatarios democráticamente electos le otorgaron importancia política al fenómeno por medio de reformas y diversos planes nacionales. Este énfasis no necesariamente significó buenos resultados. El legado que dejó la democracia y en particular el progresismo, ha sido hasta ahora deficiente, profundizando la matriz prohibicionista y de control.

Chile y las Drogas contiene cuatro grandes capítulos. Los dos primeros, escritos por quien suscribe esta nota (Eduardo Vergara, Editor), entregan un recorrido histórico de los principales hitos que marcan nuestra relación con las drogas y sus políticas, desde la llegada del cáñamo al país, pasando por el auge de la cocaína, la dictadura, los principales carteles que han operado en Chile, el rol de las azafatas y embajadores, Pinochet, el Mamo Contreras, el químico Berríos en la elaboración de cocaína negra, hasta la vuelta a la democracia junto con todos sus gobiernos hasta el Chile de hoy. Ibán de Rementería, otro de los autores, nos entrega una visión amplia de los efectos que estas políticas han tenido en Chile desplegando una revisión profunda de estadísticas e información que generan la evidencia que tanto necesitamos para seguir avanzando en las mejoras necesarias. Por otro lado, el Dr. Sergio Sánchez, desarrolla una visión clara sobre la realidad sanitaria, entregando valiosa información para poder evaluar el impacto de las políticas implementadas hasta ahora.

En Chile y las Drogas, también desarrollamos propuestas concretas para reformar y mejorar las políticas actuales. Se presentan diversos mecanismos que permitan mejorar la eficiencia de la persecución criminal, sistemas sensatos para enfrentar los desafíos del consumo de drogas en la población, la necesidad de legalizar, políticas de prevención realistas y de reducción de daños, pero por sobre la relevancia de regular las drogas hoy ilegales poniendo reglas donde no las hay.

Intentamos entregar herramientas para entender de mejor manera como hemos llegado a donde estamos y para definir hacia donde debemos ir. Esperamos contribuir a acelerar los procesos de cambio que puedan generar mayor justicia y protección, pero por sobre todo que ayuden a reformar las políticas que han tenido como objetivo el control y la subyugación de los más débiles bajo la excusa de velar por su salud e integridad.

Este libro es un reconocimiento a todos quienes han trabajado por políticas de drogas más humanas, sensatas y justas. A quienes han tenido el valor de abordar un tema de alta complejidad en momentos que el castigo social fue alto. A organizaciones como Movimental, la Revista Cáñamo, Asuntos del Sur, La Red Chilena de Reducción de Daños, Daya, Mamá Cultiva, entre otras. Es un homenaje a las víctimas de políticas erradas, a esos miles de muertos, torturados, obligados a ser tratados, a los millones de detenidos y encarcelados injustamente, a los jóvenes estigmatizados, a las familias destruidas, a todos quienes han pagado de una manera u otra, los costos de una de las políticas más absurdas que ha tenido Chile. Estas páginas son un grito de aliento a todas y todos los que trabajan por una sociedad más justa, sensata y razonable.