El Mamo y la cocaína de Pinochet

Por Eduardo Vergara B., Director Fundador del Observatorio

Manuel Contreras fue el director de la DINA. Desde ahí, se pensaron y articularon las más brutales acciones de represión política, asesinatos, tortura y violación de derechos humanos de que tengamos memoria. Su orgullo declarado tras haber dirigido estas operaciones, son una razón más que suficiente para que una sociedad que todavía sufre las heridas de la dictadura sienta que la condena a cadena perpetua en una cárcel de lujo no fue suficiente.

Alimentado del orgullo con el que mira su pasado y los constantes intentos de negociar salidas alternativas a su condena, el Mamo Contreras no ha tenido reparos en compartir información. Suficiente o no, ha sido tremendamente valiosa. En 1988 intentó negociar con Estados Unidos una salida a su condena por el asesinato de Orlando Letelier, por medio de la entrega de información. Fue ahí donde el creador de la Operación Cóndor reveló la participación que uno de los hijos del general Pinochet había tenido en actividades de narcotráfico. La arista captó la atención de muchos, pero en especial de la DEA y volvió a reflotar durante el caso Riggs. De cierta manera, la tesis del tráfico de cocaína ayudaba en gran parte a explicar el origen de los fondos que el general tenía ahorrados en el extranjero.

Pero la red era mucho más compleja. Por medio de Chilena Motores, se presume que toneladas de cocaína ingresaron a Chile para ser procesadas y luego exportadas. La empresa con filial en Los Ángeles, California, había servido como el brazo comercial de las operaciones, usando a EE.UU. como punto focal de recepción de la droga. El negocio no se componía solo de cocaína, sino que también del tráfico de una serie de precursores para la producción de drogas sintéticas.

En 1993, el narcotraficante estadounidense Iván Baramdyka da una entrevista donde entrega detalles de los nexos de Marco Antonio Pinochet, sus redes en el Ejército y el rol de Álvaro Corbalán. El rol que jugó el Ejército en este caso, tenía como centro de operaciones el Complejo Químico del Ejército en Talagante, donde se acusaba que uniformados vendían precursores químicos a carteles internacionales para la elaboración de drogas.

Baramdyka fue el vínculo entre las operaciones que nacían en el consulado de Chile en Los Ángeles, que luego se articulaban en los laboratorios nacionales, gestionaban los movimientos de droga desde la FAMAE y finalmente lograban sacar la cocaína del país vía aviones del ejército o transporte privado. Su tarea principal tenía que ver con el lavado de dinero generado en EE.UU., labor que ejercía supuestamente gracias a una red de azafatas de Lan Chile que le permitían mover millones de dólares y presuntamente armas y cocaína.

Pero la historia se remonta también a los tiempos de Allende. Una de las grandes excusas que usaría el Gobierno Militar para recibir apoyo desde la DEA, tenía que ver con las acusaciones que se hacían a Salvador Allende de supuestamente haber estado financiado por carteles. Estas acusaciones nunca fueron demostradas, pero sí fueron funcionales al momento de recibir apoyo desde el norte. Augusto Pinochet se adjudicó un gran golpe al narcotráfico, cuando durante los primeros años de la dictadura barrió con una serie de carteles que operaban en Chile. Esta fue sin duda, una pelea por posicionarse en el mercado, eliminando a su competencia. Así, el dictador incursionaría en transformarse en el dueño y señor del tráfico en Chile.

Una serie de académicos colombianos argumentan que fue gracias a los grandes golpes que Pinochet dio al tráfico de cocaína, que el problema se desplazó a Colombia. Hay coincidencia en las fechas del inicio del auge de la producción y tráfico ahí, con los inicios de la dictadura. Sin embargo, al parecer el general fue más astuto. Nos hizo pensar a todos que el problema se terminaba en Chile y se movía a Colombia. Sin embargo, su golpe de Estado a la democracia, también iba acompañado de un coup d’état al narcotráfico, solo para apropiarse del negocio.

Diversas investigaciones se han mantenido en curso; sin embargo, la información que compartió el Mamo fue extremadamente limitada. Los límites de esta información se deben a que hablar más, significaría una incriminación directa en lo que ocurrió. Hay aristas que falta resolver, como la tarea que Pinochet le habría dado al químico Eugenio Berríos, de elaborar cocaína negra no detectable al olfato. Si esta labor fue realizada con éxito, es difícil definir la enorme magnitud que el tráfico de cocaína desde Chile tuvo durante la dictadura y, en especial, su impacto en los mercados de consumo mundial.

El Mamo se llevará grandes secretos, en medio de tiempos en que, como nunca, la ilegalidad de las drogas se ha cuestionado, al ser el método de financiamiento predilecto para criminales y organizaciones ilícitas. Es así como el Mamo no nos contará, sobre cómo mantener las drogas ilegales, tuvo también una razón muy poderosa para los planes de financiamiento personal, de tal vez el capo más nefasto, odiado y poderoso de nuestra historia.

También publicada en Diario el Mostrador, Chile