Cannabis: La nueva historia germina en América Latina

Por Eduardo Vergara B. Director de Asuntos del Sur y Observatorio Latinoamericano de Políticas de Drogas y Opinión Pública

Las políticas prohibicionistas para controlar las drogas por medio de la fuerza pasaron a la historia como el mayor fracaso de una política en nuestra región. Al centro, y por la masividad de su consumo, el cannabis se transformó en la excusa perfecta para intentar controlar nuestra sociedad y ejecutar esta seguidilla de absurdos.

El consumo de cannabis, tanto para fines recreativos como terapéuticos, es masivo. En países como Uruguay y Chile, la prevalencia de consumo llega a 5,6% y 4,9% de la población total. En este último, las detenciones por ley de drogas, en gran parte relacionadas al cannabis, superaron las 85.000 en 2012. Por otro lado se encuentra la producción. Ya no podemos hablar de países productores y consumidores solamente, por la simple razón de que la producción puede tomar lugar en la tranquilidad de un hogar, ya que afortunadamente miles de personas han optado por el autocultivo como forma de reducir los daños asociados a la salud y la seguridad.

Si el debate se abrió de manera transversal en 2012, 2013 es el año de consolidar los cambios que nos llevarán a lograr reformas. Desde Uruguay a Washington se han dado pasos para lograr la regulación o, al menos, un nuevo trato a los consumidores de cannabis. Ejemplos de avances, grandes y pequeños, sobran. Sin duda que, desde el sur, los cambios impulsados por el presidente Mujica en Uruguay son los más sustantivos. Un modelo amplio de regulación al cannabis es la forma más sensata y eficiente de controlar un fenómeno que está fuera de control.

Por un lado Uruguay ha desarrollado una propuesta de política demasiado alejado del resto de la región. Su soledad es comprensible, pero no justificable; está ubicado entre dos gigantes: Argentina y Brasil, generando una actitud de que para avanzar no hay que pedir permiso. No basta con liderar con el ejemplo en un tema tan complejo como este, hay que avanzar en conjunto. Los esfuerzos domésticos no tendrán éxito si no existe un diálogo regional y estrategias conjuntas. ¿Qué rol jugaría Paraguay como gran vecino exportador de cannabis? ¿Qué rol jugarían Brasil y Argentina como grandes vecinos consumidores?

América Latina requiere una política de drogas, o al menos por ahora sobre el cannabis, que sea fiscalmente responsable, pero, sobre todo, que se fundamente en la evidencia existente y que se base en los derechos humanos, poniendo por primera vez al ser humano al centro de toda política. La regulación del cannabis es sin duda el paso más propicio y sensato. América Latina no debe pedir permiso para liderar al mundo en reformas, pero en el proceso no puede perder su vocación regional. Regular el cannabis es el primer paso.

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*Publicado en Diario El Espectador, Colombia