Cómo la Celac se fumó el debate sobre drogas

Por Eduardo Vergara B. Director de Asuntos del Sur

Un kilo de cocaína puede ser comprado en la jungla colombiana por 2.200 dólares y puede alcanzar los 55.000 en Europa. Sin duda, un negocio gigantesco. En 2012, cuatro millones de europeos había consumido cocaína y 23 millones habían consumido marihuana en el ultimo año.

El viejo continente es uno de los principales socios comerciales del narcotráfico en América Latina, esto principalmente se debe a que casi toda la oferta de cocaína nace en Bolivia, Colombia y Perú. Como es costumbre en las dinámicas de intercambio comercial y el mercado, quienes se benefician son solo unos pocos. Las ganancias que quedan a campesinos o productores son mínimas mientras que los grandes narcos son quienes se hacen millonarios. ¿Suena familiar? El negocio del tráfico de drogas es bastante similar al intercambio comercial que se hace de manera legal y que en muchos casos genera desigualdad.

Si bien no es un mercado legal, es impresentable que en la pasada Cumbre Celac 2013 de manera silenciosa se decidiera no abordar el tema. Cuando este debate no se da, los actores políticos se hacen cómplices del fracaso. Y así fue. La única cumbre con identidad regional, cometió el grave error de dejar de lado uno de los temas más importantes y que afectan a los latinoamericanos. Lo peor de todo, es que si bien Europa es un gran consumidor, es también un gran ejemplo de cómo desarrollar e implementar políticas de drogas más humanas. Las oportunidades perdidas fueron muchas.

Un importante número de países de Europa han logrado poner al ser humano al centro de sus políticas, dejando de lado la represión a consumidores y entregando orientación y ayuda a quienes lo requieran. Portugal es un caso que vale la pena mirar, después de 12 años la despenalización de las drogas ha logrado abordar la problemática desde la salud pública, no del terror. Como resultado, el consumo se ha contenido (a diferencia del resto de Europa), los contagios de enfermedades como el VIH producto del intercambio de jeringas han bajado y la represión ha sido reemplazada por la asistencia sanitaria entregada a consumidores.

Pero mientras tanto en Latinoamérica, con la excepción de algunos países, seguimos presenciando cruzadas por detener a millones de consumidores bajo la lógica de una guerra sangrienta importada desde los Estados Unidos.

Por ejemplo, Chile (un país de solo 16.5 millones de habitantes) durante el 2013 llegará a la escandalosa cifra de 100.000 detenciones anuales, siendo aproximadamente solo un 17 % de ellas por trafico, el resto por porte, consumo y cultivo. Se reprime y persigue a consumidores y menudistas, mientras las políticas anti narcos y crimen organizado siguen siendo un mal gasto de recursos. En el extremo más violento se encuentran Brasil y México, donde la violencia y los asesinatos de miles ya son parte del panorama diario. Mientras Europa pone los consumidores y las buenas prácticas en políticas domesticas, América Latina continúa poniendo los detenidos, los reprimidos y los muertos.

La reciente Cumbre de la Celac–Unión Europea, fue una nueva oportunidad perdida de tocar uno de los temas más importantes para la región. Es más, el continuismo de la lógica de evadir el debate, hace un eterno daño para nuestra región. La guerra contra las drogas y el prohibicionismo son de los obstáculos más grandes para el desarrollo de nuestra región. Es impresentable que la ONU continúe delegando esta labor solo a la Oficina contra la Droga y el Delito (ONUDD) y deje de lado a programas tan importantes como ONU Mujer, el PNUD, la OMS y ONUSIDA, quienes deberían tener un protagonismo aún mayor en influir en las políticas de drogas de sus estados miembros. Su inclusión seria a lo menos coherente.

En momentos en que la discusión en la OEA (luego del mandato de la pasada Cumbre de las Américas) ya está en cuestión y de la cual no debemos esperar grandes avances, son los países latinoamericanos quienes deben liderar el rumbo y sin miedo y tapujos abordar el debate sobre la legalización de las drogas para así enfrentar al problema con pragmatismo y altura de miras. Mientras más ignoramos el tema, más jóvenes y mujeres terminan tras las rejas, millones de consumidores continúan refugiándose en las sombras aumentando su consumo de desinformado y miles siguen perdiendo la vida en manos de la guerra más absurda e hipócrita de nuestra historia moderna. Aquí los únicos que ganan son los grandes narcos, el prohibicionismo está de su lado.

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Columna también publicada en El Mostrador

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