Carta abierta al Senador Orpis: Su doctrina de shock hacia consumidores de droga no es la más adecuada

Por Eduardo Vergara B, Director de Asuntos del Sur

El prohibicionismo y la guerra contra las drogas van a pasar a la historia como las políticas que mayores fracasos han logrado en la historia moderna. La obsesión por prohibir ciertas drogas, ha llevado a un aumento en el consumo, un incremento en los niveles de desinformación, el robustecimiento del crimen organizado que financia el terror con las ganancias del narcotráfico, y por sobre todo, una cantidad obscena de muertes, torturas y abusos en todo el mundo. Particularmente en América Latina, la guerra contra las drogas es uno de los principales obstáculos para el desarrollo.

Usted en su columna en El Mercurio, desarrolla una serie de argumentos que justifican el endurecer aún más la guerra contra las drogas y el prohibicionismo. Es más, a pesar de sonar un poco increíble, aboga por la urgencia de “aplicar una política de shock” a los escolares que consumen. Las políticas de shock sobre el consumo y venta de drogas han causado en diversos países que miles de personas han terminado tras las rejas, sufriendo torturas e injusticias, pero principalmente han sido empujados, por medio de la violencia y represión, a aumentar su consumo, a tomar las armas para financiar y defender sus adicciones y principalmente en el caso de las mujeres, a vender sus cuerpos para continuar sustentando un consumo en las sombras. En pocas palabras, las doctrinas de shock aplicadas a consumidores alrededor del mundo han resultado en las violaciones más brutales a los derechos humanos y en incontrolables estallidos de violencia social. ¿Es eso lo que buscamos para nuestra sociedad?

Aterra leer como usted argumenta que la “guerra contra las drogas no se ha perdido, el problema es que nunca la hemos dado.” Es más, para desviar la real comprensión sobre el tema, argumenta que la guerra que no se ha dado es frente a “disminuir el consumo”. Me gustaría entonces, explicarle Senador, que la guerra que se ha dado es justamente para reducir la demanda, claro que se ha centrado en atacar la oferta y ahí radica el principal fracaso, pero la filosofía tras el prohibicionismo apunta a la demanda y a reprimir el consumo como fórmula para llegar a un mundo libre de drogas. Si bien la guerra contra las drogas no se ha librado como otros países (México y Colombia), estamos a tiempo de no cometer los errores de los cuales sus máximos líderes se han arrepentido, solo luego de ver como miles de personas han perdido la vida año a año.

El prohibicionismo y la guerra frontal contra la droga es la política favorita de los narcotraficantes. Estas políticas mantienen a consumidores desinformados, lo que hace es que sea más fácil que estos caigan en el consumo de sustancias altamente adictivas, expandiendo de manera constante el mercado controlado por los narcos. Es más, la ilegalidad de las drogas, hace que quienes presenten consumo problemático no recurran a pedir ayuda, sino que prefieran esconder sus adicciones y hasta morir de sobredosis en vez de ser castigados. En consecuencia, el prohibicionismo se ha transformado en el mejor aliado del crimen organizado.

El mundo que proponemos, Senador Orpis. Es un mundo donde podemos tratar estos temas con honestidad y siempre poniendo por delante el bienestar de las personas. Es por esto que políticas de drogas basadas en la salud, la ciencia y los derechos humanos, lograrían no solo reducir el poder de los narcos, sino que por sobre todo aumentar el nivel de información de las personas y que lleve a estas, tal como usted sueña, a consumir de manera responsable o simplemente no consumir. Pero esto, para que sea efectivo, debe ser asumido por la persona tras un proceso racional, no incentivado por una doctrina de shock, la represión, estigmatización y en el peor caso la cárcel como recinto correctivo.

Senador, si usted deja de lado sus prejuicios y tal vez los tabúes ideológicos y trabas morales que siguen opacando este debate, se dará cuenta que buscamos objetivos bastante similares. Que no nos movemos en un mundo lleno de cálculos obscuros y agendas ocultas. Que la Comisión Global de Políticas de Drogas que usted menciona, es una iniciativa promovida por líderes de todo el mundo, de diferentes colores políticos que busca poner punto final a la guerra que usted mismo quiere librar aquí en Chile, no una movimiento que se mueve por estrategias ocultas.

Se dará cuenta, que la paranoia que le hace pensar que el proyecto de ley presentado por los Senadores Rossi y Lagos Weber que busca permitir el autocultivo de cannabis y su uso con fines terapéuticos, no tiene como finalidad ultima la legalización, sino que impedir que miles de chilenos, principalmente los más jóvenes, se vean forzados a entrar en contacto con criminales para satisfacer su consumo, y que, dado el espíritu represivo de la ley 20,000 se sientan como criminales que terminan optando por consumir en silencio, ahí en las sombras, donde ninguna red de apoyo, ni la suya con la Corporación Esperanza, ni la del estado o la de la familia pueden llegar.

En ningún caso argumentamos que la marihuana es inocua. Muy por el contrario, estamos consientes de los efectos que puede tener sobre la persona, especialmente cuando esta inicia su consumo a temprana edad. Lo que ocurre, es que nos hemos dado cuenta, que el mantener las drogas en la ilegalidad, hace que especialmente los más jóvenes, nunca tengan acceso a la información en torno a los efectos que el consumo abusivo puede tener sobre sus vidas y la sociedad.

Tal y como a los narcos se les acabaría el negocio si regulamos las drogas y logramos que el estado se haga cargo de esta problemática de salud, entiendo que el trabajo de su Corporación también seria innecesario. Los aportes de privados y los fondos de asignación presidencial que usted recibe, podrían ser usados de mejor manera para financiar programas educativos y preventivos. En el modelo que buscamos, la labor de la corporación que preside su esposa, la debería asumir en un 100% el estado ejecutando ampliamente su responsabilidad de proteger.

Es más, iniciativas como estas buscan que el estado sea más eficiente. Ahí, especialmente donde usted pide ayuda, en financiar la prevención y la rehabilitación. ¿No le parece absurdo que el estado chileno incurra en el gasto de detener a más de 80 mil personas al año pudiendo usar esos recursos para perseguir a los verdaderos delincuentes? ¿No le parece alarmante que el 56% de las detenciones sean a jóvenes entre 18 y 29 años? ¿No le parece ineficiente una ley que disminuyó su efectividad en detener a narcos sobre el total de detenciones de un 75% en el 2002 al 17% en el 2011? ¿No es ilógico que el 67% de las detenciones sean por porte y solo el 17% por tráfico? ¿No le parece incorrecto seguir pidiendo más mano dura cuando las cifras ya han llegado a niveles alarmantes? ¿No le parece justo que nos abramos a explorar un cambio en el enfoque?

Me gustaría mencionar que su análisis respecto a las políticas que están tomando lugar en Holanda y California no es correcto. Holanda dio un paso atrás porque los países vecinos no lograron actuar con similares niveles de visión. Miles de personas de otros países viajaban a Holanda para consumir sin ser reprimidos y el estado simplemente no pudo asumir esos enormes costos. California no ha declarado su política un fracaso, sino que grandes ciudades como Los Angeles nunca decidieron regular los mercados y hoy lo que están logrando es dar un paso atrás para generar marcos regulatorios que permitan dar un paso adelante para que la gente que necesita acceder a la cannabis con fines medicinales lo pueda seguir haciendo. Lo invito a mirar la experiencia de Portugal, país que tras 11 años de despenalizar las drogas, nos muestra que una política basada en la salud y la compasión es el camino al éxito.

Creemos que su opción por mantener la cabeza bajo tierra, como el avestruz, es la misma que ha llevado a la fragmentación de un tema tan importante. Chile no puede, ni debe, aislarse de la realidad latinoamericana. Lo que ocurre en México y Honduras, si tiene efectos gigantescos sobre lo que ocurre en Chile. Es más, y para darle un ejemplo que le puede hacer re pensar el ostracismo, lo invito a investigar sobre como la represión que tomó lugar en Chile sobre el narcotráfico en los 70, fue la causal de que el problema se moviera a países como Colombia. La situación actual está actuando como un búmeran, la presión sobre México, Centroamérica y Colombia, ha generado que países como Perú y Bolivia ya han superado a la producción de Colombia, en busca de seguir abasteciendo la demanda mundial y que los narcos busquen espacios en países como Argentina, Ecuador y Chile para operar. En otras palabras, la presión sobre un país solo logra que el problema se mueva. ¿No cree usted entonces que lo que toma lugar a solo kilómetros de nuestro territorio también nos debería preocupar? ¿No es un poco ingenuo pensar que si el problema está aumentando en nuestros países vecinos a nosotros no nos va a tocar?

Con una doctrina de shock y librando una guerra que no nos pertenece, solo lograremos avanzar de manera más rápido hacia el fracaso que otros países de nuestra región han experimentado. Eso sería un gravísimo error.

Fraternalmente.

Eduardo Vergara B, ADS