Cuando una campaña refleja una política fallida

Por Eduardo Vergara B [Director de Asuntos del Sur

La campaña «La droga nos afecta a todos», lanzada por el Senda del Gobierno de Chile (ex Conace), ejemplifica un problema de fondo: la política de drogas no es sólo incoherente, absurda e ineficiente, sino que es usada como falso pretexto para justificar el fracaso en otras áreas.

 

Incoherente, porque a una persona que tiene un consumo problemático se le ofrece ayuda con una mano rehabilitadora, mientras con la otra se le golpea: en Chile son más de 40 mil los detenidos al año por consumo y porte, muchos de ellos injustamente acusados de ser microtraficantes. Absurda, porque continúa siendo una copia de los modelos que, luego de millones de muertes y trillones de dólares gastados, han empoderado aún más a los narcotraficantes, que con las robustas ganancias de los mercados ilegales sustentan la compra de armas y el crimen. Ineficiente, pues aunque su meta es la reducción de los niveles de uso de drogas ilícitas, ocurre exactamente lo contrario.

El problema de fondo es que nuestra política de drogas busca solución a un problema sanitario por medio de estrategias de seguridad ciudadana. No cabe duda de que existe una clara relación entre el empoderamiento de los narcos y el mercado de las drogas, pero ése es un tema diferente. Para reducir el narcotráfico es necesario avanzar en la legalización de los mercados, para así quitarles tan lucrativo negocio de las manos. Mientras que, para abordar la dependencia, urge una filosofía que se base en la salud pública, la educación y el desarrollo, elementos que no se consiguen por medio del terror, la represión, la mano dura o la cárcel.

Estructuralmente, la política de drogas no puede depender del Ministerio de Interior, sino que de Salud. Que el Senda se encuentre alojado en la cartera equivocada es la raíz del problema. No es sorpresa entonces que campañas que deberían enfocarse en la educación, lo hagan en el miedo, y encuentren en esto excusa para inventar avances o justificar retrocesos en estrategias que deberían estar enfocadas en la reducción del delito.

Mientras tanto, el Gobierno usa a consumidores recreativos y problemáticos como ratas de laboratorio para llenar cárceles y mostrar alzas en las cifras de detención. Debemos aprender de los países que han basado su política de drogas en la salud pública, logrando frenar el consumo, aumentar la cobertura sanitaria, enfocar recursos en interceptar bandas de tráfico y evitar que miles de personas terminen tras las rejas injustamente. Dejemos de copiar lo absurdo y miremos a quienes sí lo están haciendo bien.

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Columna también publicada en Diario La Segunda [Chile]