El populismo narco de Piñera y el presupuesto nacional 2012.

Por Eduardo Vergara [Director, Asuntos del Sur]

El discurso de Sebastian Piñera en torno a las drogas y el narcotráfico es preocupante. Cae en una retorica absurda e irresponsable, pero por sobre todo en un populismo imprudente.

 

Queda claro que una vez más, él y su gobierno, no logran entender que mientras las sociedades modernas avanzan hacia abrir un debate alejándose de tabúes ideológicos y trabas morales, Chile experimenta un retroceso y se acerca más a esos modelos fallidos que han causado no solo el enriquecimiento de los narcos sino que la violación de los derechos fundamentales de las personas amparándose en estrategias represivas contra consumidores y practicantes del narcomenudeo.

 

Al presentar los principales lineamientos del Presupuesto de la nación 2012 el Presidente presentó diferentes compromisos. Uno de ellos fue “la lucha frontal, y con todo el rigor de la ley, contra la delincuencia y el narcotráfico” que complementa, argumentando la necesidad de “rescatar a tantos jóvenes de los estragos y garras de la droga”.

 

Este discurso revela los dos grandes errores que el gobierno comete al abordar la problemática de las drogas. Por un lado, el librar una guerra frontal contra los narcos es un error que ya cometieron en Colombia, posteriormente en México y Centro América con consecuencias desastrosas. En cuatro años, la guerra contra las drogas solo en México ha cobrado más de 50 mil muertes. En Colombia y a pesar de la militarización y los millones de dólares invertidos, las FARC han ya tomado posesión de las etapas de producción, venta y tráfico consiguiendo millonarios recursos para sustentar su lucha. En Centro América los enfrentamientos entre mafias organizadas y la fuerza pública han situado en medio a los ciudadanos, generando un estado de constante caos y muerte. Los errores se multiplican por todo el continente acentuándose en Brasil, Perú y Bolivia, pero también con desarrollos menores pero no por eso menos macabros en barrios chilenos y argentinos. Una lucha frontal es sin duda una lucha absurda: Piñera sigue sin entender.

 

Por otro lado el Presidente saca a luz la ignorancia respecto a un tema que debe ser tratado desde la salud y no la seguridad pública (SENDA, ex CONACE, sigue dependiendo del Ministerio del Interior cuando debería depender del Ministerio de Salud). Si el presidente intenta fomentar que los jóvenes puedan encontrar ayuda para arrancar de los “estragos y las garras de la droga”, este debe partir por dejar de reprimirlos. No es posible que con una mano el Gobierno siga invitándoles a buscar ayuda, mientras con la otra les pega un palo en la nunca y les reprime. En Chile más de 40 mil personas son detenidas anualmente y de manera injusta por consumo y porte. Si bien la ley permite el consumo personal, son policías y jueces quienes interpretan si las cantidades son para consumo personal o tráfico. Pasar de ser de un consumidor a un narcotraficante depende de la mera decisión de un oficial de la ley. Para que hablar del encarcelamiento, el costo de tener a una persona en la cárcel es de más de 500 mil pesos al mes, y ahí estamos enviando a miles de personas que por narcomenudeo están pagando sentencias inhumanas mientras los grandes narcos siguen manejando en sus autos de lujos por toda la capital. Con toda esta excitación por reprimir, también se nos ha olvidado la educación. Al mantener las drogas en un callejón obscuro y re negar que millones de personas consumen y siguen teniendo vidas sanas y productivas, la retorica confunde, y causa una ignorancia tremenda que no permite abordar la temática basándonos en la evidencia, la salud y los derechos humanos. ¿Quién va a querer buscar ayuda y asistencia cuando sabe que le van a tratar como un delincuente?

 

Si continuamos con estos discursos retrogradas nos va a pasar lo que ya le ocurrió a muchos países de nuestra región. México pensó que no le ocurriría lo que ocurrió en Colombia y se equivocó, lo mismo pensaron los países Centro Americanos. Es necesario avanzar hacia un debate coherente y honesto respecto a las drogas. Como punto de partida, la marihuana debe ser legalizada para que su consumo y venta sea regulado. Su mera ilegalidad es responsable de estragos inmensos y de que los narcos se hagan millonarios controlando mercados ilegales (A diferencia de los que muchos piensan, la marihuana sigue siendo el motor económico de muchos carteles). Basta de reprimir a consumidores y tratarlos como delincuentes, con eso solo conseguimos empujarlos hacia las sombras lejos de la ayuda que podrían necesitar para controlar posibles adicciones causadas por otras drogas y rehabilitación en caso de necesitarla. El gasto debe estar centrado en prevenir y tratar, no en reprimir.

 

El Gobierno cae en un populismo irresponsable y sigue implementando políticas que ya han demostrado ser fallidas en muchos estados. El populismo narco de Piñera nos va a costar caro.

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También publicado en La Tercera [Chile]